Entrega el Diploma D. Luis Moya Conde, Primer Teniente Alcalde del Excelentísimo Ayuntamiento de Linares

 

La niña que quería estudiar

-ÉL-

            El calendario marcaba el día 9 de Octubre de 2012. Era martes.  La aurora se abría paso entre las sombras mientras despedía a la noche, su eterna compañera. Amanecía sobre el Valle de Swat, al noroeste de Islamabad. Él, miró por enésima vez el destartalado reloj-despertador.  Había dormido poco y aún faltaban horas  para su cita, no obstante la impaciencia le dominaba y decidió levantarse. ¡No podía dejar de pensar en ella! Estaba absolutamente obsesionado con aquella muchacha de mirada de gacela y corazón de onza.  Por fin había llegado el día en que se verían cara a cara por primera vez. Hacía tiempo que tenía sus ojos puestos en aquella adolescente, que aún no había acabado de dejar atrás del todo su niñez. Se notaba en la rebeldía de algunos de sus actos y palabras,  pues una mujer sensata no hablaría ni se comportaría del  modo inconsciente en que ella lo hacía. Más eso cambiaría una vez que sus caminos se cruzaran. Estaba completamente seguro.

-ELLA-

            La muchacha de ojos profundos y mirada inteligente, había llegado a la vida el 12 de Julio de 1997, en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, localmente llamada Pajtunjuá, una de las demarcaciones en que estaba dividida Pakistán. Concretamente en el Valle de Swat, llamado la “Suiza del Sur de Asia”, por su similitud con el paisaje helvético. El río Swat, fuente de vida y alma del lugar, acunó su infancia y le contó las historias de pescadores de la región, descendientes de milenarios ancestros cuyos huesos reposaban bajo las tierras por las que circulaba su caudal. No en vano el río se menciona en el “Rigveda”, uno de los textos más antiguos de la India, de mediados del II Milenio a.C. Era creencia extendida. Que le mismísimo Alejandro Magno llegó a cruzar el río de orilla a orilla junto con su ejercito, dirigiendo las huestes hacia el sur, a la conquista de nuevos territorios para engrandecer su reino y su leyenda.

Ella sabía que alguien andaba tras sus pasos, e incluso había recibido algunos de los  mensajes que él anónimamente le había enviado,  más  no podía ponerle rostro a esas palabras, pues él desconocido mensajero había sido muy cuidadoso en no ser descubierto.  En lo importante, no cabe ni la precipitación ni el descuido. Ella tenía 14 años y él 23.

-EL-

            A menudo en sus seguimientos,  la descubrió volviendo la cabeza y mirando a su alrededor. Quería pensar que lo buscaba  precisamente a él entre la gente, esperando su presencia  a la vuelta de cualquier callejón, y ese pensamiento le agradaba mucho.   Hoy llegaría el momento en que la encrucijada de los destinos los situara frente a frente, y sabía que después de ese instante,  cuando   se plantara ante ella  y le dijera aquello que guardaba en su corazón,  la mujer no volvería a mirar ni a desear ninguna otra cosa.

Preparó su cuerpo y su mente, y orientándose hacia la Oiblah, procedió a orar por la culminación de sus propósitos. Después, se cambió de ropa, cogió sus libros de química y los metió en una mochila. El sentido de la responsabilidad y el deber, grabado a fuego en su rutina, le impedía faltar a sus clases, siquiera un día tan especial como aquel. Del éxito de sus estudios, dependían muchas cosas en el futuro  para él y sus  hermanos. Además, en la universidad había quedado con unos amigos de los que esperaba recibir consejo y ayuda  para el  gran encuentro. Antes de salir de la casa, extrajo del fondo de un armario  un envoltorio. Era el regalo que tenía preparado para ella.

 -LAS SOMBRAS-

              Los indeseables no sólo se mueven en la oscuridad. A veces, actúan a plena luz del día, y no les importa mostrar su rostro, para vergüenza de su familia,  su raza y  su religión. Por ello, merecían morir.

Así pensaban  los  que  habían fijado sus iras sobre uno de los  mayores enemigos del pais, dictando su inapelable sentencia de muerte.  La traición jamás puede ser ignorada ni perdonada.  El grupo preparaba el comunicado que sería inmediatamente anunciado en su momento tras su ejecución: “Era el símbolo de los infieles y la obscenidad.  El ataque ha sido  necesario  porque  actuaba en contra de su religión mientras se sentaba con los extranjeros desvergonzados, idealizando al mayor enemigo:  Barack Obama.  La ley ordena la muerte de los que están espiando para los enemigos y se ha  cumplido la ley”.

 

– ELLA-

            La jornada escolar comenzaría en breve, y los  autobuses   circulaban por las calles de Mingora para llevar  a los estudiantes a clase. Ella iba en uno de esos vehículos escolares, junto a otras adolescentes.

Las muchachas iban vestidas cumpliendo estrictamente las normas que marcaba la tradición:   ropas austeras y oscuras, con túnicas largas hasta los pies y tocados que cubrían cuello, cabeza y parte del rostro.  Sus  semblantes, apenas visibles, mostraban  cierta  alegría que se asomaba con recato al exterior.  Es difícil contener aún en las circunstancias más adversas al entusiasmo de la  juventud. No obstante, esas fugaces muestras de felicidad, de inmediato  dejaban paso a la preocupación más que justificada. Lo que en miles de lugares del planeta era algo normal y cotidiano, allí era considerado una trasgresión que podía costar muy cara. El régimen había prohibido a las niñas el derecho a la educación y a la asistencia a la escuela entre los años 2003 y 2009  y para demostrar que no se trataba de una broma, habían destruido  muchas escuelas femeninas, tanto públicas como privadas. El ejército había recuperado el control en el verano de 2009, pero no había acabado con los integristas ni con sus acciones sanguinarias.

Se oían conversaciones en voz baja en el interior del bus,  mientras una lluvia débil comenzaba a mojar los cristales. El miedo, siempre presente,  se acomodaba  entre los asientos. Era un miedo pegajoso y sucio,  de tan  manoseado  en el día a día. Un temor perenne que no desaparecía ni en sueños,  con el se que aprendía a compartir las horas, y acababa  siendo una parte más de tu propio cuerpo, como las orejas o la nariz.  Existir en algunas partes del mundo, se convierte en algo  mucho más difícil que sobrevivir o cumplir años. En esos lugares, vivir es  cerrar los ojos ignorando  si volverás a abrirlos. Dar un paso sin saber si tus pies podrán dar el siguiente. Despedirte de  los seres amados cada día como si fuera el último, sin la certeza de saber si podrás abrazarles de nuevo. Si naces mujer en esos lugares, ese riesgo se centuplicaba.

Estaba segura de haber sido feliz en su hogar, junto a sus padres y hermanos, pero le costaba ahondar en su memoria para llegar a esas vivencias alegres. Recordaba vagamente como en su niñez su pueblo  era visitado por turistas que venían de todos los confines del planeta y de como ella y su familia salían frecuentemente  los domingos a pasar el día en el campo.

Más la vida de los habitantes del Valle de Swat dio un cambio radical  con la llegada de aquellos hombres de pensamientos radicales. Las imposiciones de los nuevos dirigentes no admitían ni discusiones ni desobediencias. Fueron sancionadas   actividades  tan inocentes  como escuchar música o vestir ropa de  colores.  La ley  debía cumplirse a rajatabla,  y para ello fue creado un tribunal no sometido a ningún control judicial nacional o internacional de  Derechos Humanos, que aplicaba sin piedad ni dilación  el castigo merecido a los trasgresores: la ejecución.       Muchos huyeron. Familias enteras optaron por abandonar el que había sido su hogar y partir hacia  zonas rurales como Peshawar, Lahore o  Rawalpindi.  También ella, junto a sus padres y hermanos  tuvieron que  escapar. Cuando el gobierno del pais volvió a asumir el mando,  su padre preparó el regreso  pensando que la pesadilla había terminado. Se equivocaba. Para ellos no  había hecho más que empezar.

-EL-

            Era tal su capacidad de concentración, que fue capaz de atender las tres primeras horas de clase  sin una pizca de distracción.  La única concesión que se permitió, fue dibujar en el aire el nombre de  ella en los descansos para el cambio de profesores. Hacia el mediodía, abandonó el dirigiéndose hacia los jardines que rodeaban el edificio de la universidad. Allí se encontró con sus amigos, según lo convenido. En un banco que  arbustos de zataria ocultaban de las miradas, rezaron sus oraciones y después conservaron animadamente. No faltaron palabras de ánimo ni consejos. Nada podía fallar en aquel encuentro tan deseado. Finalmente llegó la hora y despidiéndose de sus camaradas, se levantó para ir a su encuentro. Los ojos negros de él, brillaban como dos brasas de hoguera en la oscuridad de una cueva profunda.

– LAS SOMBRAS –

            La situación había empeorado a principios de  Mayo de 2011, con la captura y anunciada muerte de Bin Laden. Había sido un duro golpe. Pocos días después, dos mártires que  habían entregado su vida por la causa,  explosionaron  artefactos en un centro de entrenamiento militar con un resultado de no menos de 80 muertos y más de un centenar de heridos. Habían anunciado que planificaban otras ofensivas  contra objetivos estadounidenses como desagravio a la muerte de su líder.  Cualquier civil sabía que podía estar viviendo su último instante si tenía la desgracia de estar en lugar elegido como diana para uno de  esos ataques.

-ELLA-

             En clase de literatura, ese día tocaba estudiar a los clásicos griegos.  El profesor  explicaba un pasaje  narrado en  “La Odisea”. La diosa Pallas Athenea -la de ojos de lechuza- convencía a Telémaco,  hijo de Odiseo también llamado Ulises, para que saliera en busca de su padre.  Telémaco, animado por las palabras de la deidad, se ve capaz de enfrentarse a los pretendientes de su madre, y gozoso pide a uno de sus sirvientes que cante. Llegada la canción a oídos de Penélope, ésta baja donde estaban su hijo y los aspirantes a desposarse con ella, recriminando airadamente el canto debido a la más que posible muerte de Ulises. Telémaco, ofendido por la insolencia de su madre, le  respondía:

¡Madre mía! ¿Por qué quieres prohibir al amable aedo que nos divierta como su mente se lo sugiera? Resígnate en tu corazón y en tu ánimo a oir este canto, ya que no fue Odiseo el único que perdió en Troya la esperanza de volver; hubo otros muchos que también perecieron, Más vuelve ya a tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el telar, y la  rueca, y ordena a las esclavas que se apliquen al trabajo; y de hablar nos cuidaremos los hombres, y principalmente yo, cuyo es el mando en esta casa”.

Aquellas palabras venidas del siglo VIII a.C,  hicieron pensar a la  muchacha lo poco que habían cambiado las cosas para las mujeres en tantos siglos. Era una constante en la historia tratar a las personas de género femenino  casi como a animales domésticos, sólo aptas para labores hogareñas, disfrute de los hombres y cuidadoras de hijos. Así querían  algunos que siguieran siendo las cosas en el siglo XXI.  Ella no se había resignado como pedía Telémaco a su madre, ni lo haría jamás.

Cuando sólo tenía 11 años, en pleno destierro y tras el cierre, quema y destrucción de las escuelas para niñas, decidió luchar. Ella no tenía fuerza, ni armas ni ejércitos, Sólo disponía de su Voz.  Y quería que sus palabras, contando lo que pasaba en su pais,  fuesen escuchadas en todo el  mundo.

A instancias de un periodista de la BBC, y bajo  seudónimo, comenzó a escribir un blog llamado “Diario de una Escolar”, contando su propia odisea, y haciendo partícipes a anónimos lectores de sus anhelos:

“Yo creo que la educación debe ser igual para hombres y mujeres, ya que la ignorancia en nuestra gente fue la razón por la que mi nativa ciudad Swat fue destruida. Mi objetivo no es solo promover la educación de las niñas, sino establecer un foro donde todos los niños puedan ir a la escuela a pesar de su situación financiera”.

La admiración de la Comunidad internacional por su valor, el apoyo de su pais y especialmente el de su propia familia, animaron a la joven a aparecer en 2009, en un documental llamado: “Pérdida de clases, la muerte de la educación de la mujer, bajo la dirección conjunta de  Adam Ellick e Irfan Asharaf, del New York Times. El impacto en las conciencias fue demoledor. ¡Una niña se enfrentaba valientemente a la intolerancia sin más armas que unos libros de texto escolar. El gran inconveniente fue  que aparecía en televisión a cara descubierta, y todos –amigos y enemigos- supieron el nombre y el rostro que tenía la anónima bloguera. Las amenazas no tardaron en hacer acto de presencia. Un par de veces llegaron cartas a su casa en las que se decía que dejara de escribir  o sería aniquilada. Incluso llegaron a intervenir las autoridades, pero nadie creyó jamás que una niña cuyo anhelo era estudiar, pudiera ser considerada el enemigo público número uno de un régimen terrorista.

-LAS SOMBRAS

            El coche estaba aparcado y sin cerrar en el lugar convenido,  vigilado desde muy  cerca por alguien que sentado en un banco, simulaba leer un diario. Hacía apenas unos minutos que había sido robado, y las llaves estaban en la guantera.  A la hora acordada, tres hombres hicieron acto de presencia. Hubo un gesto de complicidad apenas visible  entre el individuo que estaba  sentad y los recién llegados.  Cuando el automóvil dobló la esquina, el falso lector se levantó y sacando un móvil de su bolsillo, hizo una única llamada. Después, tiró teléfono y periódico a un contenedor de basura, y se alejó del lugar caminando.

– EL, ELLA Y LAS SOMBRAS-

            Las clases habían terminado, y las estudiantes apresuraban el paso para llegar al autobús que las llevaría a casa. En el hogar esperaba  la familia, y en casi todas las mesas, las típicas lentejas de la gastronomía pakistaní de mil modos cocinadas.  Las puertas del vehículo se abrieron, y las adolescentes comenzaron a subir.

El coche robado, hacía rato que estaba aparcado cerca del Colegio. Las sombras aguardaban en su interior. Él venía caminando a buen paso hacia la zona donde esperaban los transportes esclares, con la mochila a la espalda. Sonreía. Buscó a la mujer que le había robado tantos pensamientos, y pese a que su cabeza iba prácticamente tapada, la reconoció en el acto, no sólo por sus rasgos, sino por esa fuerza y firmeza que irradiaba de ella pese a su juventud. Allí estaba, al fin, al alcance de  sus manos. Había llegado a tiempo a la cita.   Al contemplar su  delicadeza y fragilidad,  no pudo evitar un atisbo de admiración  por aquella niña. Alargando el ansiado instante del encuentro, y especialmente para que ella pudiera memorizar sus rasgos le preguntó mirándola fijamente: ¿Eres tú Gul, la que escribe en el blog?  Ella respondió afirmativamente, con un signo de interrogación escapando entre sus pestañas.  Sin dejar de sonreir, él abrió su mochila. “Tengo un regalo para ti,  por esas cosas que piensas y escribes sobre la educación de las mujeres”.

Las Sombras, silenciosamente, les habían cercado. Los hombres armados rodearon a las jóvenes, que comenzaron a huir despavoridas. Desapareció todo atisbo de sonrisa en el muchacho, dejando paso a un gesto de  odio feroz. De un salto se interpuso en la trayectoria de los hombres armados y agarró a la joven. Ella era  suya y nadie le robaría ese momento. Sin soltarla, escupió las palabras que tanto había ansiado decirle:

Mírame bien, despreciable mujer, quiero que mi cara sea lo último que veas en tu miserable vida. ¡Para que  aprendáis tú y las que quieran ser como tú  que nunca seréis como los hombres! Y toda hembra que  sueñe siquiera parecerse a un varón, sólo encontrará su justo castigo. No vengo solo. ¡La muerte viene conmigo!

Del envoltorio surgió un arma. Apretando el gatillo,  le descerrajó un tiro en la  cabeza y otro el cuello. Escupió primero en el suelo, y después sobre ella, inerte ya sobre el asfalto a consecuencia de los disparos.  Dio las gracias a los tres hombres armados por haberle permitido tener el honor de disparar a aquella hereje. Ellos a su vez se congratularon por la elección de aquel estudiante para la misión. No había temblado su mano en el momento de administrar justicia.  Después los cuatro huyeron en el coche robado. Otras estudiantes también resultaron heridas. El en interior del vehículo, camino de la clandestinidad, las sombras se felicitaban. No habían disparado a una niña, sino a todas las mujeres del mundo que pretendían equipararse a los hombres sin querer aceptar su inferioridad, y osaban salir de sus casas para estudiar y trabajar, eludiendo sus sagrados designios. Por la radio del automóvil supieron que los disparos no habían sido letales, que la gran espía del sistema, la gran amenaza, la enemiga,  seguía viva. Eso ensombreció sus semblantes, pero en todas las guerras se pierden batalla y aún así hay que seguir luchando. Tras las investigaciones y la condena mundial, Él fue detenido.  A los tres meses fue excarcelado por falta de pruebas. Juró que volvería a intentarlo.

-ELLA Y LA ESPERANZA-

            Un avión  la trasladó al Reino Unido, donde sanaron sus heridas físicas en un hospital. Para la sanación de las  heridas del alma, sólo el tiempo tenía el remedio  y la respuesta. Llegaron premios nacionales e internacionales, reconocimientos y condecoraciones.  Recibió el Premio Nacional de la Paz de Pakistán. Todo eso, con ser mucho, poco significaba frente al milagro de seguir viva a los quince años. Seguía sin entender  que en otros paises, la  posibilidad de estudiar se otorgara  gratuitamente a  hombres y mujeres  que no aprovechaban o despreciaban sin motivo  esa oportunidad,  cuando para ella acudir cada día a un colegio podía  significar la muerte. Más si algo había aprendido en su corta existencia, es que el mundo es a la vez un lugar maravilloso y cruel, y que el ser humano no sólo es capaz de las mayores hazañas, sino también de las   peores atrocidades.   Aún así, el acceso a la cultura propio y de todas las niñas, era su sueño y su única apuesta por el futuro, sólo podía ser darle alas a ese sueño y dejarlo volar libre.

Relato inspirado en la historia de Malala Yousafzai.

A Malala, por tu ejemplo de vida: GRACIAS.

CARMEN GODINO SOTO