Entrega el Diploma Rafael García, poeta, rapsoda y colaborador de la Asociación Manantial. 

Vivir sin Odio: Una simple reflexión

 

¡Qué fácil y bello sería vivir todos en armonía sin odio a los demás! ¡Que utopía sería vivir sin ningún sentimiento destructivo ni resentimiento hacia el prójimo! Como en un nítido, efímero e inocente sueño infantil, sumidos y colmados de su hermosa fantasía, de su  ilusión y su magia. Ya que solo la transparente, limpia y pura mente de un niño sería capaz de albergar en su seno tan maravillosa idea, opción y forma de vida.

Respetar al que es diferente, respetar el sexo, cada creencia personal siempre dentro de la ética y los derechos humanos, cada tendencia sexual, cada religión, cada raza y color de piel, aceptarnos tal y como somos sin ninguna discriminación ni rechazo.

En plena y total calidad de igualdad y deber, sin ninguna mínima diferencia.

Como describe la letra de la canción de John Lennon “Imagine”. Imaginar un mundo donde todos y todas somos iguales, los mismos derechos, donde no existan las guerras, el odio, la miseria, la maldad hacia los demás. Donde todos nos comportásemos como hermanos, donde no exista el egoísmo, el interés, la envidia, el rencor, donde nos importase los problemas del prójimo como si fuese los nuestros propios e intentar ayudarnos de forma desinteresada y de buena voluntad ¡Que hermosa perspectiva! Tan posible y cercana y tan pueril, vana y lejana a la vez. ¡Tan inalcanzable! ¿……? ¿Por qué no vivimos así? ¿Qué nos lo impide? ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué tanta muerte? ¿Es que acaso no sabemos vivir en paz? ¿Por qué consentimos y dejamos que niños mueran de hambre? ¿Acaso el ser humano es incapaz de amar? Muchas preguntas, quizás demasiadas, y tan difíciles de contestar ¿Querríamos en realidad conocer la respuesta? ¿La verdad? Tendríamos todo/as que hacer y realizar un profundo y exhaustivo análisis o examen de conciencia. “Conciencia” una de nuestras grandes carencias ¿Qué motivos e intereses nos llevan a esto? A mostrar fuera toda nuestra mezquindad, toda nuestra miseria, nuestra bajeza, nuestra intolerancia, “toda nuestra mierda”, nuestro “EGO”, quizá la causa de tanto mal, de tanta irracionalidad, de tanto dolor, nuestro idolatrado, divinizado y maldito ego.

Es la diferencia entre nosotros (el ser humano) y los animales ¡Ojalá nos pareciésemos un poco más a ellos! Los animales carecen de ego, se rigen por principios de supervivencia y solo rinden obediencia a su naturaleza e instinto (alimentación y procreación). A pesar de ello nos superan por goleada en nobleza, lealtad y cariño.

Solo consumen los recursos naturales que necesitan y jamás matan por placer.

¡Que diferentes son de nosotros! ¡Y pensar que el ser humano evolucionó!

¡Pensar que venimos de la evolución de nuestra especie! ¿Para qué? A veces pienso si mereció la pena ¿No hubiese sido mejor seguir como ellos? Desconocer la envidia, la codicia, el odio. Todo ese lastre y lacra  que echa a perder todos los dones de los que nos ha dotado la naturaleza y nos hace diferentes : Inteligencia y conciencia.

¡Inteligencia! ¿Para que usamos nuestra inteligencia? ¿Para hacer el bien? ¿Acaso para combatir enfermedades, males y crear recursos para bien de la humanidad?… Puede que sí, pero solo una milésima parte en comparación de lo que nosotros utilizamos nuestro intelecto para hacer el mal, para destruir, para arrasar con todo lo que se nos ponga en nuestro camino, recursos naturales: El mar (nuestra despensa). Los bosques y selvas (nuestros pulmones). Especies de animales y de vegetación extinguidas, matanzas indiscriminadas de especies en peligro como ballenas, focas, delfines y una triste lista sin fin. Hacer de la cacería un deporte o una afición. Espectáculos y fiestas basados en la tortura y muerte de un animal, toda excusa es buena para derramar sangre ¡Y nos autodenominamos seres inteligentes, racionales y civilizados! ¡Valla ironía! ¡Seres superiores a las demás especies que ocupan nuestro querido y maltratado planeta! Planeta que estamos matando consciente e inconscientemente.

¡Inteligencia! ¡Conciencia! ¿Acaso nuestra inteligencia y nuestra conciencia nos hace respetar nuestra propia especie? ¿Cuánta inteligencia hemos usado y gastado a lo largo de nuestra triste historia para crear armas de destrucción masiva? Armas biológicas ¿Acaso hemos reparado en gastos para matarnos los unos a los otros? ¿Cuántas limpiezas étnicas? ¿Cuántas masacres de pueblos indígenas? ¿Cuánta esclavitud? ¿Cuántos genocidios? ¿Hasta cuándo tanta locura, tanto derramamiento de sangre inocente? ¿Y nosotros nos llamamos a sí mismos seres racionales y civilizados? ¿Y civilización a nuestro entorno? ¡Triste! ¡Irónico, sarcástico y paradójico! No sé si es para llorar o para reír. O más bien reír para no llorar.

¿Acaso nos hemos parado a pensar por qué casi siempre el hombre se escuda en su religión o país para matar? ¿Acaso hemos reflexionado en ello? Los mayores, los más aborrecibles y más cruentos crímenes de la historia se han cometido en el nombre de Dios (sea la religión que sea) y en nombre de la patria ¿…..? ¡Cuánta hipocresía!

¿Cuándo nos daremos cuenta de lo que realmente nos mueve es la codicia, la riqueza, el egoísmo y el ansia de poder y dominio. El hombre siempre ha buscado una excusa para justificar sus actos. Para poder así “purgar” sus propios crímenes, la necesidad de justificar lo injustificable, quizás para apaciguar nuestra conciencia y remordimiento.

Tristemente son muy pocas veces las que nos ha movido la bondad, la piedad o el amor. Aun así a pesar de lo irrefutable de las evidencias, de los hechos y nuestra purpúrea historia me niego a no creer en las personas, en su bondad, en su capacidad de perdonar, en su capacidad de amar, en su ternura y solidaridad. Si el ser humano es capaz de romper en lágrimas por la pérdida de un ser querido, por la desgracia ajena, por el mal de un semejante, o simplemente es capaz de derramar una lágrima al tacto de una caricia, un abrazo, una palabra de amor, una mirada de pasión, de ternura, de bondad. Si se nos empaña y se nos nubla la vista y se nos encoge el corazón y el alma al escuchar o contemplar algo tan bello y conmovedor que nos llegue a lo más dentro de nuestro ser. Entonces es la prueba de la existencia de nuestros sentimientos, de nuestra sensibilidad, de nuestra nobleza, de desear hacer el bien y de nuestro amor.

Si hay personas y organismos internacionales u ONG que se dedican a intentar ayudar, paliar y aliviar los males de los más necesitados como Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, Greenpeace etc, poniendo incluso en riesgo su integridad física y en peligro sus propias vidas por el bien de la humanidad y el medio ambiente. Si existen esas personas maravillosas, esos seres humanos llenos de bondad, de solidaridad, de altruismo y amor a los más desfavorecidos, entonces ¿Cómo no creer en la humanidad?

¿En el ser humano? A pesar de todo el dolor causado ¡Es tan complejo! ¿Por qué entonces no nos guiamos de nuestros más puros y diáfanos sentimientos? ¿De la parte más positiva de nuestra naturaleza? ¿Por qué nos dejamos llevar por nuestros instintos más bajos, la ira, el rencor, la avaricia, el “odio”. Cuan contradictoria y complicada es nuestra mente y comportamiento. Es difícil definir nuestro estado de ánimo (es tan voluble). La mente humana es tan compleja que a veces dos y dos no son cuatro ¿Por qué motivos no sabemos encontrar la paz? “Paz” (bella y sencilla palabra) y a la vez tan difícil de encontrar. Seguimos buscando nuestro equilibrio y no lo hallamos, quizá en vez de buscar tendríamos que volver la vista atrás e intentar rectificar todos los errores que hemos cometido y estamos cometiendo, mirar dentro de nuestra alma (si la tenemos) y pensar que solo por respirar vale la pena vivir, y que además hay aire para todos, no por matar a nada ni a nadie vamos a respirar más y mejor. La vida es más sencilla de lo que muchos piensan, y es tan bella y valiosa que no existe el derecho ético ni legal de arrebatársela a nadie ¿Por qué no vivimos en paz entonces?

¡Cuánta contradicción hay en la mente y en el comportamiento humano que se ve incapaz de encontrarse a sí mismo! ¿Tan complicado es nuestro razonamiento? ¿Tan difícil es vivir en paz? ¿Por qué no valoramos lo que tenemos? Lo más preciado: “La vida”….Amar y ser amados.

Solo pensemos que todos tenemos derecho a la vida. Todos somos iguales. Nacemos desnudos, crecemos soñando, vivimos anhelando y luchando y moriremos algún día como hemos nacido (sin nada). No hay nada más.