Recogen el Diploma, sus compañeras y entrañables amigas Mamen Camacho y Lucy Tortosa, debido a que la autora no se encontraba bien de salud. Un abrazo, querida Carmen, y desde Manantial te seamos una pronta recuperación. Te echamos mucho de menos!!!!

INBISIBLE

PENUMBRAS

 

            La cola para la última película de animación era bastante larga. Vi que estaban algunos de mis compañeros de clase y les saludé con la mano. Pude comprobar, una vez más, lo popular que era papá, ya que no paraban de acercarse personas  a saludarlo y él tenía para cada una de ellas una palabra o gesto especial. Todos parecían quererle mucho. Incluso los niños le adoraban. Cuando nos reuníamos con mis primos o los hijos de amigos, les dedicaba mucho tiempo y jugaba con ellos  al fútbol y otros juegos.  A las niñas siempre les decía que eran muy guapas, pero a mí eso no me gustaba y me enfadaba sin saber por qué. Tampoco me gustaba salir de paseo y que continuamente se parara a charlar con todo el mundo, porque se le desgastaban las palabras, y luego en casa permanecía casi siempre callado.

            Un hombre que yo no conocía se acercó a nosotros y  nos entregó cuatro entradas que acababa de adquirir en  taquilla. Mi padre, sorprendido y contento por el detalle,  le dio las gracias y prometió llamarlo pronto para hacer juntos algo que no entendí. Imaginé que por cosas como ésa, papá pasaba tanto tiempo fuera de casa.

            Corrí a coger un alzador para mi hermana pequeña y la acomodadora me preguntó si quería uno para mí. Le dije que no, porque  ya tenía seis años y no lo necesitaba, Apenas nos sentamos, apagaron las luces y comenzó la película. Mamá, como casi siempre, había dejado caer su cuerpo en la butaca y se había retirado al lugar donde yo no podía acceder. Eva ni siquiera pestañeaba con los ojos fijos en la pantalla, mientras comía  palomitas de dos en dos.

            Yo, en cambio, sólo podía dirigir la mirada hacia mi padre. Me puse triste porque a veces me portaba mal con él y rechazaba su mano que me da, o no quería que me tomara en sus brazos.  No podía evitar sentirme culpable, especialmente cuando él me ponía la mano en el hombro y me preguntaba: “Carmen,  ¿por qué no me quieres? Yo le quería mucho.  ¡Cómo no iba a quererle si era mi papá!

            En la penumbra de  la sala de cine, con su perfil en claroscuro, me pareció que era  el hombre mayor más guapo del mundo y me puse muy triste mientras a mi alrededor todo el mundo se reía.

CLAROSCURO

            En mi colegio, íbamos a celebrar el día de los derechos del niño. Mi maestra había comprado globos, que llevaban atados sobres en el extremo del cordel. Dentro, cada niño tenía que meter su deseo especial en  papeles de colores, que debían volar muy alto y llegar al mismo cielo.  Yo sabía bien lo que quería, pero me daba vergüenza y miedo que alguien que no fuera Dios lo pudiera leer, así que le dije a mi profesora que se me había estropeado mi papel al borrar y que me diera otro. En el que entregué, iba escrito algo que había visto en un documental: “que los niños de África no pasen hambre”. La  maestra lo leyó, y me felicitó por mi buen corazón. Pero en el que me guardé y sustituí sin que nadie se diera cuenta  garabateé lo que realmente era el  mayor anhelo de mi vida: “Quiero ser in-bi-si-ble”.

           

             Cuando solté mi globo, no pude evitar echarme a llorar. Estaba angustiada por haber mentido y sentía que había traicionado a los niños hambrientos y pobres, pero aún con todo eso, la esperanza de ver cumplido mi sueño, me infundió valor. Aprendería a ser mueble, cortina o manta,  parte de la pared o del suelo, aire como el que entraba por la ventana o los suspiros en los labios de mi madre. Si no se me veía, la pesadilla mala que habitaba en mi casa, no podría encontrarme. Estaría sin estar, y nadie se daría cuenta de mi presencia, y si podía, enseñaría a ser “inbisible”  a mi hermanita. Y también a mi mamá.

OSCURIDAD

            En mi estómago vive una rana. Mi amiga Alba cree que es porque bebo mucha agua, pero yo pienso que se metió ahí huyendo de la pesadilla que habita mi casa. No me molesta, y siempre como un pedacito más para que ella también se alimente. Es muy tranquila, pero cuando  el hombre malo empieza a despertarse, es  la primera que se da cuenta y entonces  se pone a dar saltos como loca y no me deja comer ni respirar bien.     Creo que a mamá le pasa lo mismo, porque nos baña deprisa y nos pide que nos acostemos pronto, cerremos los ojos y pensemos en cosas bonitas mientras llegan los sueños bonitos.

            Mi casa no es una casa como las demás. En ella se esconde un monstruo malo que como nos explicaron en el cole que hacían los osos, se duerme y permanece en letargo, hasta que un día se despierta y sale de su guarida. Es un demonio que huele mal y que grita, grita mucho,  diciendo cosas horribles, sobre todo a mi madre.

            Pero es peor aún cuando se acerca al lóbulo de las orejas…y susurra.

            Entonces ya no tienes escapatoria posible.

LUCES

            Papá y mamá vinieron de la mano a nuestro cuarto, para decirnos que  tenían que decirnos algo muy importante. Eva y yo nos miramos, entre alarmadas y expectantes, Pronto en casa habría un niño más, y se llamaría Alejandro. Mi hermana preguntó si dormiría en nuestra habitación y para ello  tendríamos que quitar la casa de las muñecas.  Mi padre se echó a reír y nos dijo que dormiría en su propia habitación, y que de mayor sería todo un hombre, como él, y que le enseñaría a hacer todo lo que él hacía y sería el heredero de su negocio.  Nosotras tendríamos que cuidarle mucho, porque él sería quien de mayor nos cuidaría a nosotras.  A todos los que se encontraba en su camino, les daba la buena noticia de la llegada a su casa de un varón. Estaba tan contento que nos llevó de paseo y nos compró helados y golosinas. Incluso jugó con nosotras, algo que no hacía casi nunca, y todo fue tan estupendo que no podía  entender porque no se deshacía el lazo que se me había hecho en la garganta. Más tarde, abrazada a mi unicornio de peluche, comprendí que sigo siendo una niña mala, envidiosa  de que un bebé me  quite el puesto de hermana mayor y se convierta en el preferido antes de nacer.

            Mamá también sonreía y hasta tenía algo de color en las mejillas. Yo me prometí que la cuidaría y ella me fue abriendo un poquito las puertas de su mundo de silencios. Mientras crecía su barriga, la sentí como cuando yo era muy pequeña, calida, cercana y amorosa. Nos sentábamos las tres abrazadas, y  nos contaba cuentos que ella misma inventaba, porque decía que los cuentos tradicionales eran horribles, con brujas, ogros y lobos que se comían a los niños. Los lobos de verdad, son animales bellos y muy valientes -nos decía- , y las lobas cuidan de sus cachorros como yo cuido de vosotras. A menudo se pasaba la mano por su abultado vientre y parecía murmurar una plegaria. Creo que esperaba también  que ese niño  trajera  a nuestras vidas  algo muy importante que nos  faltaba.

            Lo mejor de todo, es que la sombra del hombre malo, parecía haber desaparecido definitivamente.

NEGRURA

            Mamá no ha salido en todo el día de su habitación, y yo sé la razón, aunque ella no me la quiera decir, porque  ha vuelto a cerrar las puertas de  su oscuro refugio y ya no me deja pasar.

            Anoche volvió a salir de las sombras el demonio horrible, y la culpa es mía.

            Con ella fue terriblemente duro, y también con mi futuro hermanito. Les golpeó  a los dos, y mi madre tiene la cara y el cuerpo  llena de manchas moradas. El monstruo  decía que el niño no llevaba la sangre de mi padre, al igual que Eva y yo.

            Tras dejar a mi madre sin sentido, la sombra perversa levitó hasta mi  habitación.   Allí estuvo dudando si  se metía en los sueños de Eva o en los míos. Para evitar que se decidiera por ella, dije algo aunque no recuerdo qué, para llamar su atención.

             “¡Soy inbisible, soy inbisible,  me puede oír pero no me puede ver!- me repetía a mí misma para darme valor sin conseguirlo.

            El ser horrible apartó mi edredón y se tumbó a mi lado despacio,   susurrando,  con aquella voz suave y sin embargo aterradora. Yo pataleé e intenté salir corriendo, pero qué puede hacer una niña dormida cuando una pesadilla le tapa la boca y le dice que si grita le hará daño a su hermanita y matará a su mamá.

            Noté su aliento, que olía como huele siempre al pasar por la licorería de la plaza. Y sentí sus manos, y como las veces anteriores, me dio tanta vergüenza que me quise morir allí mismo, para no tener que despertar.

             En mi desesperación invoqué la ayuda de  mi padre:

            “Por favor, papá, ayúdame. Ven y lucha contra este monstruo que te roba tu cara, y tu voz, porque te tiene envidia. Porque tú eres bueno y  todo el mundo lo sabe. Por favor, papi, no nos tengas en cuenta a mamá y a mí que a veces nos acordamos del hombre malo y lo confundimos contigo

            Pero el engendro se rió de mí, y me quiso engañar de nuevo, diciéndome que si hacía eso conmigo, era porque me quería mucho, porque yo era pese a todo su preferida. Y mi padre no vino en mi ayuda, seguramente porque estaba con algunas de esas personas que le quieren más que yo.

            Yo también me esconderé en un lugar ignorado para siempre,  para que  mamá  jamás sepa de los susurros del hombre malo, porque ella es como una loba y no dudaría en matar a quien hace daño a sus cachorros. Y podría confundirse, como yo,  y hacer daño a papá.

 

UN RAYO DE LUZ

 

  • Profesora… ¿cómo se escribe inbisible?
  • Con uve primero, y luego con be.

            ¡Ya está! Eso lo explica todo.  Soy tan torpe que ni siquiera supe escribir bien mi deseo. Quizá por eso, los ángeles se rieron de una niña tonta y mentiros y no me lo concedieron.

             Me eché a llorar, y no pude parar en mucho, mucho tiempo. Entre ahogos e hipidos le pedí a mi maestra otro papel de colores, para hacerlo bien esta vez. Necesitaba que los ángeles me escucharan.

  • Carmen -me dijo ella- a veces los ángeles necesitan que los humanos les ayuden un poquito. Cuéntame por qué lloras con tanta pena.

Yo lo hice. Y ahora sé, que existen los milagros.

 

FIN

                EPILOGO: En 2012, la OMS y UNICEF  estimaron que 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años experimentaron relaciones sexuales forzadas u otras formas de violencia sexual con contacto físico, muchas veces ejercida en su propio hogar o entorno.

Por el respeto los derechos de los niños.